ESPACIOS EN BLANCO, DE ISABEL TEJADA, ARMA POÉTICA, CUATRO POEMAS

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ACÁ está la que vive
mi corazón es un ciervo blanco sin llanura
no importan las palabras no importa la boca
sino es para masticar cuidadosamente
la hostia de los días que fracasan conmigo
yo hago espirítu represento la cosa
este aire esta suelta de miembros
sin signo aparente de discurso
esta deuda a cuánto
en cuanto al fruto mejor no referirse.


ENTRE pulmón y pulmón
arquitecto
hago ojal a un corazón abotonado a la vida
yo me destruyo en la imagen del que me hace
del que sólo halla en mí desalojo de su triste
o de su semen
tu nombre es ahora cada uno de sus nombres
soy lo que transita por tus dedos
recae la verdad en cada uno de mis elementos acariciados
éntrame así te digo antes de la decepción
seme estámpate así
pero si sé si todo está ya anunciado
a qué esta intención de afincarme
esta contundencia.


ESCRIBO
como alguien que trata de comprender una luz devastada por la tristeza
como alguien que se oculta bajo un techo de hojas buscando reposo
y finge que le llega la palabra
debería decir deportada a la orilla hago oficio de mis restos
entallo mi corazón en su armadura y no es suficiente
acostumbrada a la derrota aún entono el canto que reclamo
alguien escribe somos seres descontentos
enumera el agua podrida de los jarrones
condenada a lo que queda después del hueso
peleo como una tira de luz entre las ramas que aún resiste.


VUELVO a escribir sobre lo roto
el hueso de lo nuestro
lo que decías que nos esperaba
no eres un nido me digo
a la sombra de las palabras de siempre.


ISABEL TEJADA BALSAS
ESPACIOS EN BLANCO (ARMA POÉTICA EDITORIAL)

HOZ EN LA ESPALDA, ISLA CORREYERO, HUERGA Y FIERRO; TRES POEMAS

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PERROS (Mujer 7)

Acaso lo peor fueron los chisss
chisss espantados zapateando el suelo
igual que al perro cuando se fregaba
recién el suelo, que no dejara huellas.

Así me repetías si yo entraba
en el espacio de casa o en el porche
chisss, chisss, fuera, fuera, un zapatazo,
chisss, chisss, igual que a las gallinas

ni una palabra humana para mí
tenías para espantarme de mi propia casa

para llamarme sin nombrar mi nombre.

DONES (Mujer 5)

III

Negativa de mí / clon de los tontos / me puse a manos llenas / a boca y almas llenas / a dar a dar / frutas en genitales a / darte los dones / todos con / mi enterramiento / Todo / pa ti / como si el mundo se fuese / a terminar en ese instante / y nos evaporásemos / de amor / sudor o / lágrimas / Ahora lo sé / todo lo que muestra y da / en exceso / pierde lo incognito / de su geología.

REALIDADES (Mujer 4)

Lo más real de mi sufrimiento no fue lo que perdí sino lo que aún perderé en el tenso futuro que me queda.

Lo más real es la herida abierta cada minuto más y más contaminada.

Lo más real no es el dolor continuo desde hace 9 años

sino la belleza del paisaje general del mundo que ya comienzo a ver.

Lo más real soy yo

andar sola.

Brillar.

ISLA CORREYERO
Hoz en la espalda (Huerga & Fierro).

VEINTE CON VEINTE: DIÁLOGOS CON POETAS ESPAÑOLAS ACTUALES (I) UN POEMA INÉDITO INCLUIDO

2020

V

Por qué

Fregar y barrer la casa
como metáfora de pretensiones estériles

no poder erradicar definitivamente la roña
de la incertidumbre con unas cuantas pasadas

asumir
que ni un [vulgar] poema sobre la lejía
transformará este mundo inefable
y mi anodina existencia.

ANA PATRICIA MOYA

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TRES MICRORRELATOS, ASPIRANTES AL CONCURSO “LITERATURA A MIL”

6EL [INCONFESABLE] CRIMEN DE CHINASKY

El poeta se percató de que un inesperado visitante se coló por la ventana para posarse en la mesita de noche; desde el otro lado del despacho, sentado en el escritorio, observó al recién llegado. Extrajo del cajón un tosco pisapapeles para arrojárselo, con tal puntería, que impactó en el cuerpecito de la criatura que cayó, fulminada, al suelo. “Putos bichos”, masculló mientras colocaba un folio en el rodillo de la máquina de escribir. Horas después, el gato apareció en la habitación; merodeó el cadáver en su charquito de sangre, lo olisqueó para luego menospreciarlo. “Hasta mi gato detesta las metáforas”, murmuró; dejó de teclear sobre apuestas hípicas, empleos fáciles y pubis de mujeres para agarrar la botella de whisky escocés y brindar por el felino, más concentrado en lamer sus genitales que en el pájaro de precioso plumaje azul que alimentaría a las ratas de aquel apartamento ruinoso.

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Jon-Jacobsen4EL ÚLTIMO HAIKU DEL POETA

Aquella pareja de gaijins demostrándose afecto con tanta pasión en la calle, ajenos a los escandalizados transeúntes, aún no acostumbrados a las decadentes costumbres occidentales, impactó al honorable maestro de haikus de la región. Esa fascinante visión supuso para el poeta el abandono de la senda de la literatura, para asombro de admiradores y detractores. Dejó de escribir los versos románticos que tanta fama le otorgaron en aquellos años gloriosos cuando la inspiración se desbordaba y dilapidó su fortuna en los placeres de prostíbulos de toda la península. Pocos meses después, enfermedades propias de los vicios corrompieron su cuerpo y acabó postrado en el futón de una miserable pensión, sin mostrar arrepentimiento por su licencioso estilo de vida. En su lecho de muerte, las últimas palabras que confesó a un íntimo amigo fue el epitafio del sepulcro que resguardarían sus restos: “el amor: hay que vivirlo, no escribirlo”.

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William-Hundley2USER NONAME98272

Devoró la última galleta. Consciente de lo inevitable, chateó en el hilo del foro con otros hikikomori: “Cero provisiones: cuestión de horas”. Acarició sus muñecas: demasiado cobarde para suicidarse con el cúter. Llevaba días sin obtener información acerca de la epidemia que asolaba el exterior. El olor a restos de comida era insoportable. Resignado, se colocó la mascarilla, dispuesto a explorar fuera de la habitación: después de medio año aislado de una sociedad especialmente cruel con su generación, temblaba como un cachorrillo asustado. Abrió la puerta. Inspeccionó el pasillo. Bajó las escaleras: Ni rastro de su familia. Se dirigió a la calle. Caminó por el vecindario. Ni un alma. Sólo silencio. Observó el cielo, tan hermoso. Pensó, entre sollozos: “¿Seré el nuevo Adán?”. De repente, en el horizonte, el resplandor que anunciaba la extinción. Se arrodilló en el asfalto. Rezó por primera y última vez en su vida.

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ANA PATRICIA MOYA

IMÁGENES: Kyle Thompson, Jon Jacobsen, William Hundley