TRES MICRORRELATOS INÉDITOS

Grégoire Guillemin2INMORTALIDAD

De lunes a sábado. Madrugar. Preparar desayuno. Paciencia para el atasco, rezar para no llegar tarde. Soportar la ira del jefe nada más entrar a la oficina. Teclear datos como un poseso. Un descanso de treinta minutos para vaciar el tupper. Regresar a la pantalla. Salida para tomar unas tapas con los compañeros. El largo regreso a casa, conduciendo con cautela. Llegar al apartamento e ir directo a saquear el frigorífico. Ducharme. Y dormir. Domingos. Levantarme tarde. Arreglar facturas. Llamar a familiares. Leer un libro mientras escucho la radio. Ver un ratito la televisión. Acostarme temprano. Mañana se repite el ciclo. Pero ya no estoy deprimido: hoy comienza una nueva vida. Introduzco el cañón de la pistola dentro de mi boca. Me despido mentalmente de la rutina de esclavo. Cuando apriete el gatillo, se extinguirán el miedo, el aburrimiento, la desazón: asesinar al tiempo con un balazo. Por la inmortalidad.

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LO QUE NOS ENSEÑARON LOS CÓMICS

Un callejón oscuro de barrio conflictivo: dos delincuentes asaltan a una mujer; uno le arrebata el bolso, el otro intenta forzarla. De repente, una sombra aterriza, y su puño le parte la mandíbula al violador y se desploma; la señora se desmaya; el ladrón no reacciona a tiempo, y recibe una patada en el estómago; el agresor, ataviado con gabardina mugrosa, sombrero y máscara se presenta: “Soy Darkman, y este es mi bautismo de fuego, seré el azote del mal y…”; su voz se quiebra: el otro chorizo le clava una navaja en la espalda; su compañero consigue incorporarse y dispara al desdichado salvador. Sirenas de coches patrulla anuncian la retirada; los últimos pensamientos del moribundo: ¿qué ha podido fallar, si la justicia siempre vence? ¿Qué coño nos enseñan los cómics? Nada: sólo son ficción para entretener a antisociales freaks con acné. Escupe sangre. La leyenda temprana expira.

(Relato finalista del I Certamen Dínamo Literaria, Córdoba).

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CLOWES

Daniel repasa, satisfecho, las primeras páginas del borrador: entre sus manos, un guión prometedor. Busca en la agenda telefónica a su amigo David Clowes, famoso director del mundillo; marca su número, y a la nada, descuelga su colega, interesado en el proyecto; entusiasmado, le explica que su historia trata de un escritor que sufre una crisis creativa y que busca consejo en un profesor de filosofía; éste le indica que viva nuevas experiencias, y por eso, el protagonista secuestra a una pareja de desconocidos para torturarlos y así luego plasmarlo en su novela. Clowes aplaude la idea; se citan al día siguiente para concretar más aspectos. Al colgar, David se enciende un puro para celebrar el futuro éxito del film; observa que aún hay restos de sangre en la moqueta: hay que volver a limpiar. Ya pensaría en qué hacer con la mujer drogada y maniatada de la habitación contigua.

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 (Todos estos relatos son homenajes a los grandes del cómic).

ANA PATRICIA MOYA

IMÁGENES: Las dos primeras, de Grégoire Guillemin; las otras dos, de Roy Lichtenstein

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