DOS MICRORRELATOS INÉDITOS

RANDY MORA

FAUNA URBANA

Aquel hombre tan elegante subió al tren, con destino al centro de la ciudad. Al
acomodarse en su asiento, se desajustó la corbata, se secó el sudor de la frente con un pañuelo y la mancha de carmín del cuello. Sonrió, satisfecho: la cita con aquella atractiva señora había sido todo un éxito. El galán comprobó su teléfono móvil: recibió un mensaje de la mujer; en el mismo, aparte de agradecerle su puntualidad, le confesaba que se sentía impresionada por su actitud madura, a pesar de su juventud. Éste se limitó a teclear una contestación educada, indicando fecha y hora para reencontrarse. Al llegar a su parada, bajó, apresurado, en dirección al cuarto de baño. Cerró el pestillo de la puerta y comenzó a deshacerse del abrigo, traje de chaqueta, zapatos y la maleta de piel que guardó en la bolsa de viaje; de la misma, extrajo unos pantalones vaqueros, una roñosa camiseta publicitaria y unas deportivas sucias. Una vez vestido, frente al lavabo, se revolvió el cabello y se lavó las manos para eliminar los restos de la gomina. Al salir de la estación de metro, volvía a ser “empleado Juan”, tal y como reflejaba la placa de plástico que se colocó en su pecho, un repartidor de comida rápida a domicilio, con afición a disfrazarse de abogado interesante, soltero y exigente, un soñador que anhelaba una vida mejor al lado de alguna incauta que lo mantuviera. El pasaporte a la felicidad era caro: había que pagar con mentiras. Pero él ya estaba demasiado harto de trabajar horas extras, del miserable sueldo que percibía, de convivir con sus padres jubilados en un ridículo piso, y sobre todo, de tener colgado en la pared de su habitación un diploma universitario que le recordaba que era otro perdedor más.

RANDY MORA4

PRÍNCIPES Y PRINCESAS DEL SIGLO XXI

Entre copas, él presumía de ser un triunfador nato: independiente, emprendedor, generoso. Ella, entusiasmada, aplaudía las hazañas de aquel caballero curtido en mil batallas existenciales. Acabaron la noche, ebrios de alcohol y deseo, en la cama de él. Ella se despertó al amanecer, aturdida por los ruidos de una aspiradora que provenían de la habitación contigua, y sola: el amante se había marchado horas antes para sellar el cartón del paro. En la mesita de noche, una nota de horrible caligrafía; no indicaba algún número de teléfono para volver a contactar, sino una sentencia (“lo siento mucho, yo soy un príncipe, pero tú no serás jamás mi princesa”) y un postdata (“no molestes a mi madre, márchate enseguida”). No tardó mucho en vestirse para huir de aquel castillo ruinoso para dirigirse a un bar, pedir un café con leche y tomar unas pastillas para la resaca. “Otro bufón más”, musitó la mujer mientras subía al autobús que la alejaría de aquel barrio periférico. Durante el trayecto, pensó en anular todas las suscripciones de aplicaciones para conocer hombres interesantes. Sacó el teléfono móvil de su bolso: se entretuvo en inspeccionar perfiles en la pantalla táctil. Y cuando bajó en la parada próxima a su calle, ya tenía concertada una cita para aquella misma tarde con un nuevo aspirante que podría ser el definitivo.

Randy-Mora2

Ana Patricia Moya

Ilustraciones: collages de Randy Mora.

NADIE DE NADA, MANUEL LOMBARDO DURO, ALGUNOS POEMAS (I)

DSCF4030

NADA PUEDEN

Todo te lo pueden quitar,
menos el júbilo incesante
que nace dentro de ti.

Todo te lo pueden romper,
menos el infinito gozo
inaccesible a las palabras.

Si no te quitan la dicha,
no te han robado nada.

Si no pueden aniquilar
tu más pura alegría verdadera,
es que nada pueden contra ti,
nada, absolutamente nada.

CAER

Sólo quien nada quiere
puede saber qué es la libertad,
ser desoladamente puro,
caer siendo invencible.

Sólo quien habita la quietud
puede recibir algún día
la visita inquietante
de una belleza niña,
sentir el fulgor del cielo.

Caer y reír
es lo único que me queda.
Reír y caer. Mirar al cielo.

NADA ME VIVE

Nada me expresa ya,
nada me vive.
Dentro de mí cansé la vida.
En el aire que viene desde lejos
me respiro de luz tan irreal.

De repente, mi vida anochechió 
por una extraña y fulgurante aurora.
Sin delirio camino delirante.

Abolir el tiempo es mi fin,
caer al infinito hasta mi esencia.
¿Por qué me sueña la belleza,
si yo no puedo hacerla florecer?

VERDAD

Existe la verdad.
Está siempre presente
a los ojos de aquél
que quiera verla.

La verdad. Sólo la verdad.
Qué clara. Qué sencilla.
Cómo se expone,
contundente y rotunda,
sin argumento alguno.

Cómo alumbra y deslumbra.

Y cuánto tiempo,
cuánta inquidad,
cuánta energía al fin gastada
en tormentos y en muerte,

cómo cuesta inventar y mantener 
una vida mentira tras mentira.

MANUEL LOMBARDO DURO

COMPRO ORO, DE HARKAITZ CANO, CUATRO POEMAS

DSCF4029

LOS PROBLEMAS

El de la mayoría: el dinero.
El del dinero: la carga del oráculo.
El del oráculo: llamarse Google.
El de Google: que lo confundan con un perro lazarillo.
El del perro lazarillo: su ciego.
El del ciego: haber estudiado cirugía.
El del cirujano: creerse Dios.
El de Dios: creerse poeta.
El del poeta: haber nacido demasiado tarde y no resignarse a ser escritor.
El del escritor: el tiempo, los vecinos ruidosos.
El de los vecinos ruidosos: los lectores asesinos.
El del lector asesino: haber leído demasiada crítica, o demasiada poca.
El de la crítica: que pida perdón.

COMPRO ORO (2)

Dicen que hay bombillas que llevan treinta años sin fundirse.

Cierto: antes las cosas se hacían para que durasen.

Lo mismo pasaba con algunos matrimonios.

Uno se pregunta cuál era su secreto,

y si habrá algún secreto que no sea una trampa.

OFICIO

Escribes tres o cuatro poemas que darán la medida
de lo que será algún día un libro de poemas.

Los relees y los sopesas. Los destruyes porque no dan la talla
de ninguno de los poetas que admiras.

Te dedicas a otras cosas.
Vivir. Pensar. Ver qué pasa.

Qué va a pasar.

Pasará que jamás volverás a escribir un poema.

Pero el oficio, ya lo tienes.

LA SOLEDAD ERA ESO

Es duro pescar en el siglo veintiuno.
La soledad,
a miles de kilómetros de tu casa:
nada lúgubre, nada crepuscular.
Un supermercado inmenso y luminoso,
treinta marcas diferentes de salmón ahumado;
todas son la misma, sin embargo.
Una anciana polaca te pregunta algo,
parece que lleve años aquí perdida,
intentando dar con un frasco de canela
o con el hilo de Ariadna.
Indefenso, sientes solo la punta de lanza
de aquel pescador neandertal:
es lo poco que nos nos hemos cargado del instinto.
Treinta marcas diferentes de salmón ahumado,
y bajo la etiqueta de una de ellas
está la fecha de tu muerte.

Recurres al grito, pero la garganta no responde.
El pescador ancestral te abandona.
Treinta marcas diferentes de salmón ahumado frente a ti,
y tú
que te creías tan valiente.

Ahora ve, y elige una.

HARKAITZ CANO

 

CUADERNO DE VEREDAS, JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ, ALGUNOS POEMAS (II)

deresaca

SALTAD A LA BANCA

La lucha más honesta
es la de los que no tienen nada que perder.

EL LLANTO DE LA HIENA

Sólo los locos ríen solos
la risa es un acto que necesita la complicidad,
cuando se llora en la más brutal soledad
la locura es un hilo musical reconfortante.

COLECCIONANDO CEPILLOS DE DIENTES

Las mujeres entran en mi vida
en un abrir y cerrar de piernas
y se quedan un rato aquí
desordenando todo lo ya desordenado
libros, música, despertares, paisajes, poemas, armarios,
añadiendo más caos a mi caos cotidiano
y las dejo hacer y deshacer
sin darle mucha importancia
disfrutando de sus caricias, calores, andares,
emborrachándome con ellas,
compartiendo viajes, ritmos, orgasmos y de vez en cuando un
"te quiero", un "me gustas"
hasta que toque recoger
lo que hayan dejado por aquí tirado.

INSOMNIO

Esperar para matar el tiempo
escribir para acallar silencios
silbar para disimular vacíos
viajar para marcharse
no amar para no sufrir ausencias
y apagar las estrellas
para poder dormir.

JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ
(De "Cuaderno de veredas").