RESEÑA DE PÍLDORAS DE PAPEL, POR JAVIER GALLEGO

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RESEÑA DE PÍLDORAS DE PAPEL (HUERGA & FIERRO EDITORES, 2016)

Javier Gallego Dueñas

Revista Voladas, número 10

Este poemario está dividido en varias partes, pero conserva una unidad de conjunto resumida en el concepto de píldoras de papel, referencia a la vez al medicamento y a la droga. Sabemos con Derrida que medicamento o pharmakones el término griego para designar tanto al veneno como a su cura. Ese es el eje básico sobre el que pivota el último libro de poemas de la poeta cordobesa Ana Patricia Moya. Un esperado volumen que completa sus anteriores, Material de Desecho (2013) y Bocaditos de Realidad (2012) y, a través del cual, podemos seguir la peripecia autobiográfica que nos asoma a mostrar sin excesivo pudor. Su estilo hace gala de sinceridad y valentía, especialmente de rabia, apuntando tanto hacia el mundo exterior como hacia la propia intimidad de la autora. Escribir es, como muchos sabemos, una manera de terapia, “poesía: la medicina del pobre”, nos dice en la introducción. Estos son “cápsulas poemas” para salvar la cordura, incluso la vida: “A la enfermedad que hace años pude exorcizar con estos versos”. Los poemas se apoyan en el recurso a la tipografía, con cambios de letra, tamaños, cursivas, acercándose al caligrama, prosa, introduciendo el verso en la prosa… Recursos expresivos para poder traducir al papel lo que es un grito poético, franco y feroz. Adornan también los poemas un importante número de citas que funcionan como honestidad más que erudición o incluso homenaje: Roger Wolfe, Adrienne Rich, Alannis Morrisette, Jorge Reichmann, la Mala Rodríguez, Aurora Luque, David González, Alejandra Pizarnik… Ya vengan de la música o de la poesía propiamente dicha.

No tiene piedad cuando habla de sí misma: “El peso del mundo descoyunta / la escasa voluntad que me queda” (Agonía), “Una inválida llorona, incapaz de enfrentarse a la angustia” (2000). Precisamente es la angustia el enemigo poderoso del que se escapa con una pírrica victoria, luchando sin la ilusión ni la esperanza de ganar (Despropósitos de año nuevo), porque, como sabemos, el enemigo siempre somos nosotros mismos (Asaltos) que nos aliamos a la enfermedad como traidores. Las píldoras de papel, los poemas, son la particular lucha contra las píldoras de la química, como las que Morfeo ofrecía a Neo en Matrix, pueden hacernos seguir en el sueño o pueden golpearnos con el desierto de lo real. La segunda parte, Peter Pan y sus fantasmas, muestra el resentimiento contra los cuentos de hadas (Ni calabazas, ni dragones, ni apuestos príncipes, Peter Pan) por medio de poemas desengañados, vengativos e irreverentes (¡Dios salve a la reina de corazones!). Una especie de deconstrucción desencantada de los mitos modernos, del Ratón Pérez, el Mago de Oz, sobre todo de la visión edulcorada de Disney… Las últimas partes están centradas en el amor. Un amor que muestra su cara de sexo frío y suciedad, de desamparo: “He optado por tolerar sólo el daño / que me hago a mí misma” (Adán y Eva). O en el poema  Preguntas que dónde está el corazón: “Me sorprende que todavía no lo sepas / para ti, lo tengo entre las piernas”. La cuarta parte, “Mi corazón es una tundra”, cambia la tipografía, con menor interlineado, lo que, de alguna manera, otorga un plus de serenidad acorde con el tono de los poemas, que continúan con la honestidad brutal del resto del volumen: “Los adultos son eternos niños / que tratan a hombres y mujeres como muñecos rotos, / exiliados en un sucio trastero, /… / somos blasfemos que albergan la tímida esperanza/ de hallar al legítimo propietario de nuestra herida / que nos acurruque en su regazo y nos murmure: / “este es nuestro hogar” (Olvidados en el baúl \ Toy (SEX –LIES –PAIN) Story). Las viñetas que nos acerca Ana Patricia Moya son piezas de un paisaje que se desmonta. La perspectiva personalísima e íntima no cierra la descripción al ámbito de lo privado, tiene vocación de testimonio de la corrosión general de ese mundo prefabricado, en el que las narraciones que nos han querido vender, ejemplificadas con los cuentos de hadas y los mitos fabricados por Disney, se van carcomiendo, van perdiendo su pátina brillante y dejan ver la realidad más allá del telón y el decorado, una realidad dura, despiadada y cruel en la que no nos queda otra: “Sólo nos queda escribir, / aferrarnos a las palabras / como botes salvavidas que te aíslan / … / porque dios es un incompetente /…/  para dar sentido a tanto dolor” (Destroza mis entrañas). Píldoras de papel es, sobre todo, emoción y sentimiento, análisis de la realidad, de la crisis social e individual, de la enfermedad colectiva y la personal. Van directas al corazón como un shock, como un trueno. Se cierra el volumen con un contundente: “La poesía / tu puta favorita”.

JAVIER GALLEGO DUEÑAS

¡Mil gracias!

PILDORAS DE PAPEL-CUBIERTA(1).pdf

DOS POEMAS TRADUCIDOS AL INGLÉS


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NO ME HABLES DE LOCURA, POETA.

Sólo los desamparados
que desgarran su carne
y estrujan su corazón
con manos iracundas
y hambrientas de verdad
son dueños de la poesía más pura,
la que brota del dolor.
No te apropies de un don
al que no tiene derecho el farsante.
DON’T TALK TO ME ABOUT CRAZY, POET

Only the helpless
that rip away at their own flesh
and squeeze their own heart
with irate hands
and are truly starving
are the purest masters of poetry,
the one that sprouts out of pain.

Do not appropriate yourself that title
to a fraud that does not posses that right.

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TRIPAS

I

Los lugares más fríos no son Islandia, ni Siberia, ni Groenlandia. Disecciona con la navaja del recuerdo el esternón: sólo hay escarcha. 

II

Ser la otra te posiciona en dos categorías: la superior, cuando eres novedad, la inferior, cuando eres comodín. No sé si me valoro lo suficiente o me siento muy sola.

III

Calidez admitida en besos y abrazos: las palabras, accesorias para la excitación. Teatralidad del que reclama piel ajena cuando la otra parte de la cama está vacía.

IV

Amor: mi nombre en tu boca. Y todo es falso. Opto por callar. El silencio es más elocuente: entre tus brazos, sólo siento.

 V

Besas y golpeas mi pecho. No hay dolor: fina capa de hielo recubre un órgano latiendo lentamente, mentiroso. Sólo mis tripas son honestas.

VI

Mi espalda. Es tuya. Vértebra a vértebra. Nervio a nervio. Soporta tu peso. Soporta la hipocresía. Es lo único que puedo ofrecer: no quiero entregar un corazón podrido.

VII

Cadáveres. Mis huesos, mis músculos, mi piel, son cadáveres en tus manos. No hay latidos: soy amor muerto. Soy nada.

VIII

Mis entrañas se retiran del campo de batalla. Sábanas mojadas: banderas blancas para la pecadora. Mi orgullo herido. Saboreamos la derrota. Soledad resguardada en lo más hondo de mí, masticándome las tripas, remordiendo conciencia enjuagada con sudor.

Aspiro a imposibles.

GUTS

I

The coldest place in the world is not Iceland, nor Siberia, or even Greenland. It’s found by dissecting the memories from my chest: there lies only hoarfrost.

II

To be something else would put you in one of two categories: the superior, when you’re something of a novelty, or the inferior when you’re more so considered a joker. I don’t know if I’d value myself enough or be very lonely.

III

Admitted affection in the form of kisses and embrace: words serving as accessories to arousal. Dramatically reaching for the touch of another’s skin when you find the other side of the bed empty.

IV

Love: my name on your lips. Yet nothing is as it seems. I choose not to speak. For silence is more eloquent: in your arms, I only feel.

V

You both kiss and bruise my chest. Yet there is not pain: a thin layer of ice slowly covering a throbbing organ: lying. Only my guts are honest.

VI

My back. It’s yours. Vertebra to vertebra. Nerve to nerve. It supports your weight. It supports the hypocrisy. It’s the only thing I can offer you: I don’t want to give you a tainted heart.

VII

Cadavers. My bones, my muscles, my skin, are cadavers in your hands. There are no heartbeats: I am lifeless love. I am nothing.

VIII

My insides pull themselves away from the battle. Wet sheets: white flags for the sinner. My pride wounded. We can taste defeat. Solitude reinforced in the deepest depths of myself, chewing at my insides, a guilty conscience rinsing itself with sweat.

 I aspire for the impossible.

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ANA PATRICIA MOYA

Traducción: Ellen Preston Fogel
Imágenes: Shae Detar