LIBRO NUEVO Y EPÍLOGO DE MARISOL SÁNCHEZ GÓMEZ PARA “BLANCANIEVES NO TIENE LA REGLA”

Hace unas semanas me comunicaron una buena noticia: me publican libro nuevo, “La casa rota”, en Versátiles Editorial. Ya estamos con los preparativos del nuevo poemario (no tan nuevo: tiene dos o tres años). De nuevo, vuelvo a contar con la colaboración de Marisol Sánchez Gómez, que tuvo el detalle de escribir el epílogo del libro “Blancanieves no tiene la regla”, un poemario publicado por la editorial pionera Neurótika Books. Os paso el texto que concluye la obra y también enlace para que lo leáis (para lectura y descarga gratuita).

UN CORAZÓN DE CEMENTO Y ALAMBRE

Por Marisol Sánchez Gómez

Leo los poemas de Ana Patricia Moya, una mujer joven, de mi tiempo, y transito durante un par de horas por un recorrido vital que, de manera recurrente, se ve jalonado por temas que con fuerza metafísica nos afectan a todos: el amor – el gran tema de las mujeres -, la soledad, la independencia, el dolor y la poesía.

Lúcida observadora de su entorno y su realidad la autora no se engaña: es un miembro más de una generación inmersa en una tragedia épica y colosal, en el desastre de una generación que quiere ser independiente y se ve obligada a aceptar trabajos basura mal pagados (véase “Puta barata \ Informe de becaria: año 2009 / 2010”) o a depender de sus padres; a pelear por realizar sus sueños con riesgo a veces de tener que renunciar a lo que íntimamente se es o sacrificar su independencia. “Tengo casi treinta años / y no tengo nada”, nos dice Ana Patricia en un verso que se despliega estirándose visualmente sobre la página obligando al ojo lector a leer en un largo vaivén que concluye en un radical “nada”.

Es extraño que la persona poética de estos versos confiese no sentirse joven? ¿Es extraño que “ese hombre del saco que dormita en sus pestañas” engorde gracias a sus temores: “el paro / la soledad / la ausencia de respuestas / los sollozos de madrugada”?

Entre versos, a veces irregulares y entrecortados, en versos puros, canónicos, en prosa poética o en versos en prosa, en líneas definidas frecuentemente como misántropas, Ana Patricia va desgranando su necesidad de interpretar su mundo, indagar y explicarse. Entre Caperucitas ingenuas y engañadas, Alicias internadas por locas o bellas Blancanieves que no menstrúan, símbolos contemporáneos de mujeres sin deseo sexual, como las muñecas muertas que se prodigan por la red de redes, la autora despliega su decepción, la nostalgia amorosa ante el amante que ya no está, su rabia y su dolor ante la cama vacía; las consecuencias de ese amor desengañado ante un otro, falaz y ausente, pero no por eso menos esencial.

Frente a todo ello, la fortaleza de un corazón que es sólido y frágil a la vez, hecho de “cemento y alambre”, sensible y lúcido. Y siempre la poesía. Una poesía hecha de rabia, dolor y decepción al ver lo que muchos son capaces de hacer con tal de publicar. Algo ante lo que Ana Patricia no sucumbe, aceptando la cuota de amargura que conlleva ser un pájaro que canta sin el resguardo del nido, el peaje que paga quien no se convierte en un “poeta impostor” con “libros saturados de sucio ego”. Y es esa poesía que la invade como un amo imperativo y ante la que ella protesta airadamente para no sucumbir, la que la espera “en su sonrisa”. Y es que Ana Patricia no está sola, aunque ella diga en un duro poema que sólo cree en sí misma. Está la poesía, su entrega a ella, y la existencia de otros – muchos y muchas – que hacemos causa de ella y de sus versos. Nadie debe sentirse tan solo; como decía la extraordinaria poeta Adrienne Rich, todos tenemos, aun sin saberlo, gente en torno entre las que sentarnos y sollozar sin que por eso se nos deje de considerar héroes.

Es esa capacidad heroica de la poesía honesta de Ana Patricia, la escrita desde las entrañas, casi sin medios, ni sponsors y que no se ha convertido en un postre de lujo en el banquete del poder cultural, la que nos sana y redime; la que nos ayuda a interpretar el mundo, la que nos da, de una manera radical, la capacidad de oponernos al lamentable discurso de la mentira que predomina en la escena cultural del momento.

Para leer, pinchar en la imagen:

Próximamente, más información.

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POEMAS Y RELATOS EN DISTINTAS PUBLICACIONES

Reseña de “Píldoras de papel”, por Manuel Guerrero: http://www.odiseacultural.com/2017/08/04/resena-manuel-guerrero-pildoras-papel/ 

Selección de microrrelatos: http://www.odiseacultural.com/2017/03/04/relatos-seleccionados-ana-patricia-moya/

Selección de microrrelatos (I): https://letralia.com/letras/narrativaletralia/2017/06/22/cinco-relatos-2/

Selección de microrrelatos (II): https://letralia.com/letras/narrativaletralia/2017/03/16/tres-cuentos/

FANZINE SUSURROS A PLENO PULMÓN:

REVISTA LA NÁUSEA:

Selección de poemas: http://lanausea2000.blogspot.com.es/2017/06/cordoba-miraflores-barcelona-un-viaje.html

RESEÑA DE PÍLDORAS DE PAPEL, POR JAVIER GALLEGO

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RESEÑA DE PÍLDORAS DE PAPEL (HUERGA & FIERRO EDITORES, 2016)

Javier Gallego Dueñas

Revista Voladas, número 10

Este poemario está dividido en varias partes, pero conserva una unidad de conjunto resumida en el concepto de píldoras de papel, referencia a la vez al medicamento y a la droga. Sabemos con Derrida que medicamento o pharmakones el término griego para designar tanto al veneno como a su cura. Ese es el eje básico sobre el que pivota el último libro de poemas de la poeta cordobesa Ana Patricia Moya. Un esperado volumen que completa sus anteriores, Material de Desecho (2013) y Bocaditos de Realidad (2012) y, a través del cual, podemos seguir la peripecia autobiográfica que nos asoma a mostrar sin excesivo pudor. Su estilo hace gala de sinceridad y valentía, especialmente de rabia, apuntando tanto hacia el mundo exterior como hacia la propia intimidad de la autora. Escribir es, como muchos sabemos, una manera de terapia, “poesía: la medicina del pobre”, nos dice en la introducción. Estos son “cápsulas poemas” para salvar la cordura, incluso la vida: “A la enfermedad que hace años pude exorcizar con estos versos”. Los poemas se apoyan en el recurso a la tipografía, con cambios de letra, tamaños, cursivas, acercándose al caligrama, prosa, introduciendo el verso en la prosa… Recursos expresivos para poder traducir al papel lo que es un grito poético, franco y feroz. Adornan también los poemas un importante número de citas que funcionan como honestidad más que erudición o incluso homenaje: Roger Wolfe, Adrienne Rich, Alannis Morrisette, Jorge Reichmann, la Mala Rodríguez, Aurora Luque, David González, Alejandra Pizarnik… Ya vengan de la música o de la poesía propiamente dicha.

No tiene piedad cuando habla de sí misma: “El peso del mundo descoyunta / la escasa voluntad que me queda” (Agonía), “Una inválida llorona, incapaz de enfrentarse a la angustia” (2000). Precisamente es la angustia el enemigo poderoso del que se escapa con una pírrica victoria, luchando sin la ilusión ni la esperanza de ganar (Despropósitos de año nuevo), porque, como sabemos, el enemigo siempre somos nosotros mismos (Asaltos) que nos aliamos a la enfermedad como traidores. Las píldoras de papel, los poemas, son la particular lucha contra las píldoras de la química, como las que Morfeo ofrecía a Neo en Matrix, pueden hacernos seguir en el sueño o pueden golpearnos con el desierto de lo real. La segunda parte, Peter Pan y sus fantasmas, muestra el resentimiento contra los cuentos de hadas (Ni calabazas, ni dragones, ni apuestos príncipes, Peter Pan) por medio de poemas desengañados, vengativos e irreverentes (¡Dios salve a la reina de corazones!). Una especie de deconstrucción desencantada de los mitos modernos, del Ratón Pérez, el Mago de Oz, sobre todo de la visión edulcorada de Disney… Las últimas partes están centradas en el amor. Un amor que muestra su cara de sexo frío y suciedad, de desamparo: “He optado por tolerar sólo el daño / que me hago a mí misma” (Adán y Eva). O en el poema  Preguntas que dónde está el corazón: “Me sorprende que todavía no lo sepas / para ti, lo tengo entre las piernas”. La cuarta parte, “Mi corazón es una tundra”, cambia la tipografía, con menor interlineado, lo que, de alguna manera, otorga un plus de serenidad acorde con el tono de los poemas, que continúan con la honestidad brutal del resto del volumen: “Los adultos son eternos niños / que tratan a hombres y mujeres como muñecos rotos, / exiliados en un sucio trastero, /… / somos blasfemos que albergan la tímida esperanza/ de hallar al legítimo propietario de nuestra herida / que nos acurruque en su regazo y nos murmure: / “este es nuestro hogar” (Olvidados en el baúl \ Toy (SEX –LIES –PAIN) Story). Las viñetas que nos acerca Ana Patricia Moya son piezas de un paisaje que se desmonta. La perspectiva personalísima e íntima no cierra la descripción al ámbito de lo privado, tiene vocación de testimonio de la corrosión general de ese mundo prefabricado, en el que las narraciones que nos han querido vender, ejemplificadas con los cuentos de hadas y los mitos fabricados por Disney, se van carcomiendo, van perdiendo su pátina brillante y dejan ver la realidad más allá del telón y el decorado, una realidad dura, despiadada y cruel en la que no nos queda otra: “Sólo nos queda escribir, / aferrarnos a las palabras / como botes salvavidas que te aíslan / … / porque dios es un incompetente /…/  para dar sentido a tanto dolor” (Destroza mis entrañas). Píldoras de papel es, sobre todo, emoción y sentimiento, análisis de la realidad, de la crisis social e individual, de la enfermedad colectiva y la personal. Van directas al corazón como un shock, como un trueno. Se cierra el volumen con un contundente: “La poesía / tu puta favorita”.

JAVIER GALLEGO DUEÑAS

¡Mil gracias!

PILDORAS DE PAPEL-CUBIERTA(1).pdf