ENTREVISTAS Y DEMÁS COLABORACIONES EN SECCIONES

ENTREVISTAS:

GENOMA POÉTICO: https://www.genomapoetico.com/2017/12/19/entrevistas-ana-patricia-moya/

LA GALLA CIENCIA: http://entrevistas12y21.lagallaciencia.com/2017/12/ana-patricia-moya.html 

COLABORACIONES:

EDITORIAL DESPERTAR: https://editorialdespertar.wordpress.com/2018/01/08/poesia-de-ana-patricia-moya-espana/

REVISTA ARGONAUTA: https://issuu.com/fomentoculturalirapuato/docs/argonauta_7_issuu

NUEVAS SECCIONES:

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TRES RELATOS (SEGUNDA PARTE, NUEVO PROYECTO)

PODER

Te sientas en la silla. Quítate la dentadura. Obedeces sin rechistar. Deja que te ponga el babero. Te muestro la cuchara. Vas a comértelo todo. La papilla de verdura entra en tu boca. Tragas. Eso es, muy bien, venga, otra. Vuelves a tragar. Abre más la boca. Así haces. Así hacía yo cuando me colocabas entre tus piernas y sí, podría meterte la cuchara hasta la garganta, como tú hacías. En tu paladar, el sabor de la derrota: me observas con tus ojos hundidos, en silencio. Ya no reconoces a la niña de la que abusabas: ya sólo te queda esta triste enfermedad senil. Te limpio con una servilleta las comisuras de los labios. Ahora tengo poder sobre ti. Retiro el plato vacío. Podría envenenarte, podría agarrar tu cuello y apretar hasta la asfixia. Saco de la nevera una pieza de fruta, la corto en pedazos pequeños. Con este cuchillo clavado en tu pecho podría cortar de raíz con el pasado. Coloco en tus manos temblorosas los trocitos de manzana. Los masticas despacio. Yo me limito a recoger el mantel y limpiar la mesa con un trapo. No son los malditos lazos de sangre los que me impiden matarte: cuando el poder se convierte en misericordia, ya sólo te queda el olvido.

GLORIA

 Pequeño homenaje a David Rubín

Soy un dios reencarnado en el cuerpo de un gigantesco monstruo que llega a la ciudad gris dispuesto a arrasar con todo. Mi entrada es triunfal: con mi cola destrozo edificios de las zonas ministeriales y bancos; pisoteo complejos residenciales, apartamentos y coches lujosos de la costa; con mis afiladas garras atrapo a infelices trajeados para devorarlos de un bocado. Siembro el caos, el pánico y la destrucción hasta que el director, eufórico, grita: “¡muy buena toma, corten!”. Mis compañeros y yo, agotados del rodaje, abandonamos el plató con sus decorados de cartón piedra y plástico. Ya en el camerino, me desprendo de la máscara de reptil mutante para limpiarme el sudor. Me miro al espejo: recupero mi identidad como ciudadano anónimo. Reviso el teléfono móvil: no espero llamadas de mi representante, tampoco ninguna oferta interesante; sólo quiero asegurarme de que me han ingresado la nómina para ir a comprar al supermercado. Suspiro: por hoy, la gloria ha concluido y será retransmitida en la televisión para diversión de niños y no tan niños.

WELCOME TO THE REAL WORLD

“Ánimo”, se dice a sí misma cuando se aproxima el primer cliente. Saludo educado con sonrisa forzada; uno a uno, va colocando los productos en la cinta transportadora para pasarlos por el lector; de repente, un pitido que índica no reconocer el código de barras de una lata de tomate en oferta; teclea, torpe, los números en la caja registradora. ERROR. Otro intento. ERROR. “Mierda”, murmura ante la mirada de aquel hombre que deja de extraer cosas del carrito de la compra. El orgullo no le permite excusarse con “perdone usted, es mi primer día”. La máquina no da su brazo a torcer: ERROR. Con los dedos temblorosos, marca el teléfono del supervisor; aumenta la fila de personas impacientes, algunas resoplan por la incompetencia de la recién incorporada al puesto, otras miran sus relojes de muñeca. El superior se retrasa y ella se siente pequeña; se traga las lágrimas, pero se mantiene firme: “es más fácil escribir”. Sí. Es muy sencillo escribir poemas, pero publicar libros, ganar premios literarios, convertirse en una promesa de tu generación y formar parte de una élite que reparte entradas al parnaso literario a cambio de tu honor no lo es tanto. No, tampoco es fácil sobrevivir en la realidad con sudor, dolores de espalda y cabeza. Allí, indefensa y humillada, es sólo una empleada más que tendrá que aguantar la desaprobación de jefes explotadores y clientes desagradables, broncas con compañeros  que no dudarán en pisotearle el cuello en un descuido, horarios abusivos y un sueldo miserable. Dentro de aquel supermercado, la poeta se siente indigna, pero las malditas facturas no se pagan. con el talento. Welcome, poeta, welcome to the real world.

Ana Patricia Moya

Fotografía: Weronika Gesicka

TRES RELATOS (PRIMERA PARTE, NUEVO PROYECTO)

TODO SE RESUELVE CON UNAS OPOSICIONES

De madrugada, te abraza la sombra de la hipoteca, y luego, tu chica, con esas ojeras que son idénticas a las tuyas: las huellas de la incertidumbre. El desayuno se te atraganta – sólo galletas de un paquete caducado y pan tostado con mantequilla – por las confidencias en la ridícula cocina: se plantea la necesidad de formalizar burocráticamente que os queréis desde hace años en un juzgado – tu madre, tan tradicional, anhela como testigo de la unión un cura -, pero no hay dinero, no hay tiempo, no hay ganas. Tu pareja refunfuña al revisar el teléfono móvil: le toca lidiar con su empleo – fregar suelos para familias que racanean con su salario -, y tú te adosarás a un escritorio repasando temarios – para este año, ampliados para joder aún más la voluntad y el bolsillo -, durante horas, sólo interrumpidas por las ganas de ir al baño o para beber refrescos energéticos o café para aguantar. Todo lo memorizado se agolpa en tu cabeza y te provoca una migraña que combates con pastillas; luego, tu estómago te avisa de que tienes cuarenta minutos exactos para almorzar algo, ducharte, arreglarte y volar hacia el bar donde haces equilibrios con la bandeja a cambio de unos euros y soportas las amenazas del propietario del negocio – “la cosa está muy mala”: su pretexto favorito -. A las doce y media de la noche, con dolor de huesos – te ha tocado atender a los gañanes que han ido a ver el penúltimo partido de fútbol de la temporada – regresas al cubículo que llamas hogar y allí está tu novia, acurrada en el sillón, sollozando. Tembláis con la confesión “tengo un retraso”. Y te cagas en los muertos de los condones baratos de los chinos y te vuelves creyente de todo el santoral, los mismos santos que adornan las estampitas que te regala la devota de tu abuela para que te ayuden a conseguir esa plaza de una puta vez. El disgusto os quita las ganas de cenar – tampoco hay gran cosa en la nevera – y os acostáis deprimidos, sin ganas de amor. La derrotada mujer con la que compartes cama desde la adolescencia, a tu lado, se duerme entre lágrimas; tú le agarras la mano con firmeza, y la calidez te hace sentir un poco más humano. El miedo te lleva al insomnio, y del insomnio, a la reflexión: ¿vale la pena luchar? “Si quieres prosperar en la vida, estudia oposiciones”. La gran frase de los progenitores. Pero, como bien sabes desde que terminaste la licenciatura, no siempre los padres tienen razón.

VASO DE BOURBON

Otro pequeño homenaje a Miguelanxo Prado

Después de hacer el amor, me invitas a tomar un bourbon. Observo la botella: sí, es de reserva. Te pregunto que cómo puedes permitirte tal lujo, y tú respondes que es el regalo de un íntimo amigo. Me sirves un poco, te recuestas a mi lado y me recitas un poema tuyo. Sí, es precioso: no hace falta que te recuerde que tienes un talento extraordinario y que todo, absolutamente todo lo que sale de tus maravillosas manos, me encanta. Sin embargo, yo sigo aún preocupada por esa cuestión del empleo de dependiente que te ofrecieron en la ferretería y te digo que qué harás al respecto. El tema te incomoda, bien lo sé, y desvías la conversación hacia la literatura de tus adorados escritores malditos. Vuelvo a insistir, y tu buen humor desaparece: me gritas que tú has nacido para ser el mejor de los poetas y que sería un desprestigio aceptar un puesto tan vulgar en una tiendecilla de barrio. Suspiro, doy un trago a mi vaso, y no, no voy a reprocharte nada. Me levanto de la cama para vestirme mientras tú sigues con tu apasionado discurso sobre principios, pero yo, que estoy muy cansada de tu estúpido orgullo te ignoro. Antes de marcharme, clavo mis ojos en los tuyos, llenos de rabia, y no, no me despido de ti: al cerrar la puerta de tu desastroso apartamento, me juro a mí misma no regresar a tus brazos… aunque mi corazón desea que bajes de tu maldita torre de marfil, que tus pies caminen sobre el terreno de una realidad a la que no le importa el hermoso pero inútil arte de los versos. A nadie le interesa lo que tú sientas. A nadie. Ni a mí tampoco.

BRAGAS

A mi lado, está ella, durmiendo profundamente; me gusta contemplarla mientras sueña, pero jamás se lo voy a confesar. La habitación es un desastre: nuestras bragas y sujetadores encima de la mesita de noche, otras prendas desperdigadas por todo el suelo de mi habitación, hasta hay restos de una botella de vino rota bajo el escritorio. Salgo de la cama, me visto con una bata y me voy a la cocina a por café. A mi regreso, me la encuentro ya levantada, bostezando con energía y estirándose. Yo me apoyo en la pared, y la observo embobada: a mis ojos es una mujer bellísima, a pesar de su estatura, su barriguita y sus marcadas estrías. Sí: las imperfecciones me resultan de lo más erótico, y me encanta mirarla. Ella me gusta, y lo sabe. Me sonríe, presumida, y comienza a vestirse. Le ofrezco a que se quede en la cama todo el día si le apetece… ella dice no. Le invito a un almuerzo con los amigos… y rechaza la proposición educadamente. No sé por qué me molesto en insistir, siempre obtengo una negativa por respuesta, pero bueno… la fuerza de la costumbre, quizás. Termina de arreglarse; le da un sorbito a mi taza, me besa en los labios y prometemos vernos el próximo fin de semana. Con el portazo de despedida, otra vez la soledad se instala entre estas cuatro paredes. Después de recoger los cristales, con cuidado, me siento en la cama. Aspiro fuerte por la nariz: acaricio con resignación esas sábanas impregnadas de su fragancia, fragancia que perdurará durante horas. Sí: posiblemente sea una egoísta. Todo es sexo. Estuvo claro desde el primer momento. A pesar de que llevamos meses acostándonos, somos dos perfectas desconocidas. El roce no hace el cariño: hace el placer. Ella se limita a entregarme la piel abierta y evita que le acaricie el corazón. Sí, es egoísta. Muy egoísta. Pero también pienso que yo también soy egoísta por pretender quererla.

Ana Patricia Moya

Fotografía: Maleonn

CUATRO POEMAS INÉDITOS INCLUIDOS EN LA EDICIÓN CHILENA DE “PÍLDORAS DE PAPEL” (PARTE DOS)

EL AROMA DE MIS ENTRAÑAS SOLITARIAS

Al otro extremo de mi hilo rojo del destino

está atado mi clítoris.

Amor ególatra.

FÁBULA DEL ETERNO DESEMPLEADO DE NUEVA GENERACIÓN

Tan sólo un pensamiento me conforta:
Las casas están llenas de frustrados.
De seres, como yo, sin aptitudes
para ser singulares en enjambres
pese a aspirar brillara su luz propia.

Y poco a poco fueron acogiéndose
a un amor, profesión, final destino
que no era el que anhelaran. Y están solos.”
(José María Fonollosa)

¿Discapacitada?
¿Tienes menos de treinta?
¿Estás dada de alta como autónoma?
¿Quieres aportar valor a nuestra empresa con prácticas?
¿Te agradaría adquirir más experiencia como voluntaria?

Destino final del currículum
(a pesar de que lo “admiran” con cierta exageración):

la papelera

(también denominada como “archivo común de candidatos”).

Y otra vez esa sensación de fracaso que se reproduce
 todas las mañanas, a la hora del desayuno:
 este ciclo sin fin aburre al cerebro
 y amarga al estómago con el café
(la diarrea es una excusa ideal
para no procurar otro esfuerzo en vano;
aparte, la diferencia entre visita al váter y entrevista laboral
es que eres tú el que siente placer arrojando mierda).

Durante una temporada,
una fuerza “invisible” te impulsa al intento

una y otra vez, una y otra vez,

pero las semanas y los meses transcurren,
las negativas se suceden, encadenadas,

y te das cuenta de que estás indefenso, muy indefenso.

Toda esa existencia idílica que te pintaron
– un piso hipotecado, vacaciones exóticas,
una pensión de jubilación, quitar a tus padres de trabajar –
cuando memorizabas apuntes
y currabas de becario, como un cabrón,
se disipa, ante tus ojos,

y todo es gris,

y las ganas de batallar te abandonan
porque la esperanza de algo mejor no está en el suelo que pisas.

Y yo, por mi parte, no quiero seguir.

No quiero seguir.

 Estoy cansada.

 He confinado los títulos, papeles y demás
en la caja más recóndita de mi armario;
para que los antidepresivos no me vuelvan a arrastrar,
he renunciado a que se follen mi dignidad
con los cuentos de siempre
– esos que me hacen sentir inútil, vieja, estúpida: inservible -,
para concluir esta fase de apatía y mala leche,
de este puto mal genio de los cojones
que aflora con quienes menos lo merecen,
y que borra sonrisas de mi rostro,

porque la poesía ya no desprende efectos anestésicos

no me sana
no me llena
me da asco.

He sacado algunas maletas de viaje del trastero,
las he colocado en un lugar apartado de mi habitación,
para observarlas, siempre con resquemor,
y así mentalizarme de que, aunque me desgarre el alma,
posiblemente, sea la llave para huir de toda esta miseria.

Poemas: Ana Patricia Moya
Fotografía: Andy Feltham

CUATRO POEMAS INÉDITOS INCLUIDOS EN LA EDICIÓN CHILENA DE “PÍLDORAS DE PAPEL” (PARTE UNO)

Mientras se resuelven las complicaciones sobre la edición chilena de “Píldoras de papel” (Cinosargo Editorial) comparto poemas inéditos incluídos en dicha edición.

CULPABLE
Miserable poesía
si no te lleva lejos,
fuera de esta vida
tan zafia y repugnante,
más allá de la muerte
democrática y vulgar.

Miserable poesía
si no te lleva fuera
de todos los sentidos,
lejos de todas las palabras.

Miserable poesía
si no termina al fin
con la poesía. 

(Manuel Lombardo Duro)
Ése de ahí

ése

el solitario
que sangra versos
que castra
el ego de los falsos fieles,
el honesto
castigado por cretinos
y proxenetas de lo puro,
que regurgita delirio
en su rincón, desamparado

ese mismo

ése

es poeta

                sus manos son el poema

poema lúcido
indigno para los mediocres
destinado a la extinción

y todo lo demás

                                    es penumbra.



ANIMALES MITOLÓGICOS

No estimo a los falsos románticos.

Primero:
                dejemos las cursilerías
                en manos de los expertos,
                que son los poetas.

Segundo:
                los que padecemos cicatrices internas supurantes
                denunciamos la palabra adornada
                y el sermón [barato] de bar.

Tercero:
                os recreáis [demasiado] con Disney,
                pero erráis con la insólita creencia
                de que el mundo permanece inocente.      

Cuarto:
                 resulta absurda vuestra [desgastada] estrategia
                 de simular que sois príncipes salvadores
                 o [“virginales”] princesas que buscan “lo diferente”.

Y último:
                para qué presumir, mis entrañables desgraciados,
                de tanta sensibilidad si no sabéis follar
                ni con un corazón en condiciones,

               si omitís que la obsesión final
               no es crear un desenlace con menú de perdices,
               sino garantizarse una cama caliente para un rato
                                                                                                             ¿para qué insistir,
pésimos actores de serie B?

Aún así, vuestras perturbadoras intenciones [encubiertas]
me hace replantearme si vuestro orgullo
es el estandarte predilecto de los amantes
o si realmente comprendéis
                     
                                                    el término

                                                                          “coherencia”.


Poemas: Ana Patricia Moya
Fotografías: Laura Makabresku

LIBRO NUEVO Y EPÍLOGO DE MARISOL SÁNCHEZ GÓMEZ PARA “BLANCANIEVES NO TIENE LA REGLA”

Hace unas semanas me comunicaron una buena noticia: me publican libro nuevo, “La casa rota”, en Versátiles Editorial. Ya estamos con los preparativos del nuevo poemario (no tan nuevo: tiene dos o tres años). De nuevo, vuelvo a contar con la colaboración de Marisol Sánchez Gómez, que tuvo el detalle de escribir el epílogo del libro “Blancanieves no tiene la regla”, un poemario publicado por la editorial pionera Neurótika Books. Os paso el texto que concluye la obra y también enlace para que lo leáis (para lectura y descarga gratuita).

UN CORAZÓN DE CEMENTO Y ALAMBRE

Por Marisol Sánchez Gómez

Leo los poemas de Ana Patricia Moya, una mujer joven, de mi tiempo, y transito durante un par de horas por un recorrido vital que, de manera recurrente, se ve jalonado por temas que con fuerza metafísica nos afectan a todos: el amor – el gran tema de las mujeres -, la soledad, la independencia, el dolor y la poesía.

Lúcida observadora de su entorno y su realidad la autora no se engaña: es un miembro más de una generación inmersa en una tragedia épica y colosal, en el desastre de una generación que quiere ser independiente y se ve obligada a aceptar trabajos basura mal pagados (véase “Puta barata \ Informe de becaria: año 2009 / 2010”) o a depender de sus padres; a pelear por realizar sus sueños con riesgo a veces de tener que renunciar a lo que íntimamente se es o sacrificar su independencia. “Tengo casi treinta años / y no tengo nada”, nos dice Ana Patricia en un verso que se despliega estirándose visualmente sobre la página obligando al ojo lector a leer en un largo vaivén que concluye en un radical “nada”.

Es extraño que la persona poética de estos versos confiese no sentirse joven? ¿Es extraño que “ese hombre del saco que dormita en sus pestañas” engorde gracias a sus temores: “el paro / la soledad / la ausencia de respuestas / los sollozos de madrugada”?

Entre versos, a veces irregulares y entrecortados, en versos puros, canónicos, en prosa poética o en versos en prosa, en líneas definidas frecuentemente como misántropas, Ana Patricia va desgranando su necesidad de interpretar su mundo, indagar y explicarse. Entre Caperucitas ingenuas y engañadas, Alicias internadas por locas o bellas Blancanieves que no menstrúan, símbolos contemporáneos de mujeres sin deseo sexual, como las muñecas muertas que se prodigan por la red de redes, la autora despliega su decepción, la nostalgia amorosa ante el amante que ya no está, su rabia y su dolor ante la cama vacía; las consecuencias de ese amor desengañado ante un otro, falaz y ausente, pero no por eso menos esencial.

Frente a todo ello, la fortaleza de un corazón que es sólido y frágil a la vez, hecho de “cemento y alambre”, sensible y lúcido. Y siempre la poesía. Una poesía hecha de rabia, dolor y decepción al ver lo que muchos son capaces de hacer con tal de publicar. Algo ante lo que Ana Patricia no sucumbe, aceptando la cuota de amargura que conlleva ser un pájaro que canta sin el resguardo del nido, el peaje que paga quien no se convierte en un “poeta impostor” con “libros saturados de sucio ego”. Y es esa poesía que la invade como un amo imperativo y ante la que ella protesta airadamente para no sucumbir, la que la espera “en su sonrisa”. Y es que Ana Patricia no está sola, aunque ella diga en un duro poema que sólo cree en sí misma. Está la poesía, su entrega a ella, y la existencia de otros – muchos y muchas – que hacemos causa de ella y de sus versos. Nadie debe sentirse tan solo; como decía la extraordinaria poeta Adrienne Rich, todos tenemos, aun sin saberlo, gente en torno entre las que sentarnos y sollozar sin que por eso se nos deje de considerar héroes.

Es esa capacidad heroica de la poesía honesta de Ana Patricia, la escrita desde las entrañas, casi sin medios, ni sponsors y que no se ha convertido en un postre de lujo en el banquete del poder cultural, la que nos sana y redime; la que nos ayuda a interpretar el mundo, la que nos da, de una manera radical, la capacidad de oponernos al lamentable discurso de la mentira que predomina en la escena cultural del momento.

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