DOS RESEÑAS MÁS DE “PÍLDORAS DE PAPEL”, DESDE LA GALLA CIENCIA Y LA NÁUSEA

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http://www.lagallaciencia.com/2017/02/pildoras-de-papel-de-ana-patricia-moya.html

(Esther Muntañola)

http://lanauseanoticias.blogspot.com.es/2017/02/pildoras-de-papel-poesia-incomoda-para.html

(Beatriz Pérez Sánchez)

¡MIL GRACIAS!

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TRES POEMAS TRADUCIDOS AL PORTUGUÉS

Waldemar von Kozak2

ADÁN Y EVA

Me distancié del paraíso.

No es que prefiera la soledad:
he optado por tolerar sólo el daño
que me haga a mí misma.

ADÃO E EVA

Distanciei-me do paraíso.

Não é que prefira a solidão:
optei por tolerar só o dano
que me faça a mim mesma.

Waldemar von Kozak3

DÍA DEL JUICIO FINAL

A todos los poetas: pegaros un tiro en la sien.
Hacedle ese gran favor al mundo.

          Despojadle de tanta hipocresía.

DIA DO JUIZO FINAL

A todos os poetas: atirai em vossas têmporas.
Fazei esse grande favor ao mundo.

          Despoja-lhe de tanta hipocrisia.

Waldemar von Kozak1

MANZANA AZUL

De nuevo, pluriempleada, atesorando
con avaricia mis sueldos en la cartilla;
de nuevo, sin tu calor necesario
para estas interminables noches invernales;
de nuevo, la preocupación por el mundo
que enseña la televisión: más paro,
más corrupción, más muerte;
de nuevo, los roces incómodos
con historias sin sentido…

De nuevo, me tientan las cajas de pastillas
del fondo del frigorífico,
las de la felicidad química y artificial,

          las que me prohíbo por respeto a mí misma.

MAÇÃ AZUL

De novo, multiempregada, atesorando
com avarícia meus salários na caderneta;
de novo, sem teu calor necessário
para estas intermináveis noites invernais;
de novo, a preocupação pelo mundo
que ensina a televisão: mais desemprego,
mais corrupção, mais morte;
de novo, os toques incômodos
com histórias sem sentido…

De novo, me tentam as caixas de comprimidos
do fundo da geladeira,
as da felicidade química e artificial,

          as que me proíbo por respeito a mim mesma.

Waldemar von Kozak4

ANA PATRICIA MOYA
TRADUCCIÓN: Tiago Da Silva César
IMÁGENES: Waldemar Von Kozak

 

FAST POETRY, COLABORACIÓN PARA LA GALLA CIENCIA (artículo de opinión)

logo galla ciencia

FAST POETRY

(SOBRE LA POPULARIZACIÓN DE LA POESÍA)

 

Once de la mañana: toca incursión al supermercado para adquirir unas cuántas cosas (sí, soy la típica despistada que peca de comprar regalos a última hora). Después de conseguir todo lo necesario para quedar bien en estas entrañables fechas de felicidad y consumismo (por presión social y familiar), de camino a la caja rápida algo llama poderosamente mi atención: en el pasillo, entre las estanterías metálicas de turrones y perfumes, una con algunos libros. Inspecciono las baldas (quién sabe si encuentro algo interesante) y allí están bien colocaditos best sellers y libros de famosos youtubers (mi gozo en un pozo) y, para mi asombro, algunos poemarios. Estamos acostumbrados a ver ejemplares en los grandes almacenes (reconozco, sin vergüenza, que son muy socorridos para salvarte del apuro); lo que me choca es que la poesía, considerada desde hace mucho tiempo como un “género menor”, compartiendo espacio con novelas y demás. De las librerías especializadas al cesto o carrito de la compra: la poesía se populariza, y eso es muy positivo, pero hasta cierto punto.

No me sorprende la lógica selección de títulos poéticos expuestos: pertenecientes a grandes sellos editoriales, con unas portadas de diseño llamativas (y, por deformación profesional, admito que las cubiertas son preciosas). Estoy familiarizada con la denominada poesía de la “generación encantada” (término acuñado por el poeta David González), y no sólo por una experiencia editorial previa (y en la que puedo jurar, por activa y por pasiva, que si hubiera tenido un mayor poder decisorio, determinadas obras no hubieran sido publicadas por cuestiones de criterio personal), sino también por lo que investigo en la red. Sí, soy de esas que todavía revisa blogs y demás espacios virtuales: a saber cuántos diamantes en bruto nos estamos perdiendo porque sus autores no se relacionan con los agentes adecuados o no son lo suficientemente guapos y modernos. Antes de agenciarme un título, me informo para garantizar la inversión (es lo que tiene la maldita precariedad); suelo abstenerme de determinados nombres porque no me transmiten nada. Yo no soy crítica literaria: no tengo licencia para evaluar si estos libros se pueden categorizar como poesía. Claro que puedo reconocer si un poema está bien construido, si el poeta apunta maneras o incluso si se pueden rescatar fragmentos. Esta actitud de resaltar los puntos fuertes (vuelvo a insistir, desde la subjetividad: no es para quedar bien, se trata de discernir entre lo válido y lo desechable del contenido) no sirve absolutamente para nada: la ausencia de autocrítica es muy frecuente en el mundillo literario – y por extensión a todos los campos artísticos -, y muchos autores, en especial, los sobrevalorados que se retroalimentan de halagos en grupo, les cuesta encajar la crítica constructiva (si es desde el respeto: aceptarla como una lección de aprendizaje), y si no es capaz de ser exigente consigo mismo, es improbable que sepa aceptar las discrepancias. De ahí a los encarnizados debates en las redes sociales – campo de batalla de simpatizantes y detractores -, medios donde estos autores se desenvuelven con soltura para promocionarse y captar la atención de lectores (totalmente legítimo: dominar las herramientas de la red es esencial para difundir la obra); a veces, no hace falta que éstos se pronuncien porque los fans defenderán a capa y espada a sus ídolos mientras los sufridos entendidos en la materia se escandalizan con esta poesía “facilona” u “hormonal” (o peor aún, post-adolescente).

Este fenómeno fan explica, precisamente, la presencia de algunos de estos libros en los centros comerciales. Les funciona a las grandes editoriales, de momento (son previsibles los cambios de tendencia: las modas, por suerte o por desgracia, son cíclicas) la nueva fórmula: cuántos más seguidores tenga tal o cual autor, mayores probabilidades de éxito. Tener muchos amigos agregados no es sinónimo de calidad, naturalmente, pero sí se traduce en rentabilidad. Yo he bautizado estos peculiares productos poéticos como fast poetry: poesía de “consumo rápido”, de “lectura ligera”, sin más pretensión que la de entretener (exactamente igual que los best sellers, con independencia de su calidad literaria). Estas obras poseen su nicho de mercado: los miles de seguidores que se aglutinan en Facebook, Youtube, Twitter, Instagram, entre otras plataformas y que, estadísticamente, son chicos y chicas jóvenes que se identifican con las inquietudes reflejadas en las páginas de estos libros. Esta poesía tiene su público y esto es favorable: aproximar el género a sectores juveniles (hartos de tragarse las lecturas de la escuela o instituto); el dilema estriba en que estos consumidores, o se estancan en los mismos tipos de textos y demandan más títulos idénticos, sin sentir curiosidad por ampliar horizontes, o cuando pase la fiebre se acabe “el rollo de leer”. Por eso, es un milagro que los chavales se interesen por un género tan denostado.

El lado oscuro: el abuso por parte de las editoriales para posicionarse en las listas de ventas. La “fabricación” del poeta es similar a la de un cantante o grupo dentro de la industria musical: se potencia un fenómeno con unas características concretas, las que se determinen según las circunstancias; se explota el filón, se crea la “necesidad” de consumir y esperar beneficios. Si ya cualquiera puede ser cantante siempre y cuando haya detrás una potente campaña de marketing, también cualquiera puede ser escritor: ahí radica la perversión. Gracias a las herramientas de Internet y a sus múltiples opciones para publicar, se ha multiplicado el número de autores que buscan su oportunidad y acuden a las fórmulas de la coedición o la autoedición. ¿Cómo discriminar entre tantos aspirantes? Fijarse en si su presencia es más o menos notable en las redes y contabilizar el número de seguidores. Porque todo se mide en términos matemáticos y económicos.

En mi vicio de analizar desde un triple punto de vista: como editora, me entristece que los criterios de calidad sean extrínsecos a la obra en sí; que muchas editoriales independientes y alternativas, para garantizar la supervivencia – los negocios son así – tengan que recurrir a la publicación de autores que no destacan precisamente por su poesía pero sí por otros factores; que los miles de fans acérrimos no se acerquen a otros catálogos editoriales; que los muchachos y las muchachas abandonen el hábito de leer por pereza, porque la poesía de tal o cual fue una moda pasajera. Como autora, me desagrada que haya talentosos compañeros con una trayectoria intachable que no reciban ni una oferta para publicar; que otros poetas por méritos no puedan competir en igualdad de condiciones; que cualquiera ya puede ser escritor; que existe cierta intrusión profesional y los autores mediáticos ensombrecen a los vocacionales. Y como lectora, me jode tirarme horas y horas rebuscando en una librería especializada de confianza algunos títulos concretos: con lo fácil que sería plantarse en el super y tener delante ese libro que tanto deseas para tu biblioteca.

No quiero que se me malinterprete, que algunos literatos son muy susceptibles (en especial, aludidos y colegas de la nueva hornada de poetas encantados) y suelen mezclar las churras con las merinas: no me molesta, en absoluto, que los poetas invadan los estantes de los grandes comercios, al contrario, estoy a favor de sacar la poesía fuera de sus entornos tradicionales (del ámbito culto o académico), que se escuche en recitales (sea en bares o eventos culturales de carácter oficialista) o que se fusione con otras disciplinas artísticas; en suma, que la poesía se exhiba en un lugar tan cotidiano me parece estupendo. Distinto es que la poesía abarque más que estos autores de fast poetry y que no tenga la visibilidad merecida: porque no todos los poetas son visibles, permanecen escondidos y merecen su oportunidad.

Cuando me marcho cargada de bolsas, pienso en utopías: una sección de poesía en el supermercado. ¿Demasiado vulgar, demasiado atípico? Profundizando: ¿está la poesía en el lugar que le corresponde? No lo sé, la verdad, y eso me frustra un poquito.

ANA PATRICIA MOYA

http://anapatriciamoya.lagallaciencia.com/2016/01/fast-poetry_27.html