TRES MICRORRELATOS, ASPIRANTES AL CONCURSO “LITERATURA A MIL”

6EL [INCONFESABLE] CRIMEN DE CHINASKY

El poeta se percató de que un inesperado visitante se coló por la ventana para posarse en la mesita de noche; desde el otro lado del despacho, sentado en el escritorio, observó al recién llegado. Extrajo del cajón un tosco pisapapeles para arrojárselo, con tal puntería, que impactó en el cuerpecito de la criatura que cayó, fulminada, al suelo. “Putos bichos”, masculló mientras colocaba un folio en el rodillo de la máquina de escribir. Horas después, el gato apareció en la habitación; merodeó el cadáver en su charquito de sangre, lo olisqueó para luego menospreciarlo. “Hasta mi gato detesta las metáforas”, murmuró; dejó de teclear sobre apuestas hípicas, empleos fáciles y pubis de mujeres para agarrar la botella de whisky escocés y brindar por el felino, más concentrado en lamer sus genitales que en el pájaro de precioso plumaje azul que alimentaría a las ratas de aquel apartamento ruinoso.

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Jon-Jacobsen4EL ÚLTIMO HAIKU DEL POETA

Aquella pareja de gaijins demostrándose afecto con tanta pasión en la calle, ajenos a los escandalizados transeúntes, aún no acostumbrados a las decadentes costumbres occidentales, impactó al honorable maestro de haikus de la región. Esa fascinante visión supuso para el poeta el abandono de la senda de la literatura, para asombro de admiradores y detractores. Dejó de escribir los versos románticos que tanta fama le otorgaron en aquellos años gloriosos cuando la inspiración se desbordaba y dilapidó su fortuna en los placeres de prostíbulos de toda la península. Pocos meses después, enfermedades propias de los vicios corrompieron su cuerpo y acabó postrado en el futón de una miserable pensión, sin mostrar arrepentimiento por su licencioso estilo de vida. En su lecho de muerte, las últimas palabras que confesó a un íntimo amigo fue el epitafio del sepulcro que resguardarían sus restos: “el amor: hay que vivirlo, no escribirlo”.

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William-Hundley2USER NONAME98272

Devoró la última galleta. Consciente de lo inevitable, chateó en el hilo del foro con otros hikikomori: “Cero provisiones: cuestión de horas”. Acarició sus muñecas: demasiado cobarde para suicidarse con el cúter. Llevaba días sin obtener información acerca de la epidemia que asolaba el exterior. El olor a restos de comida era insoportable. Resignado, se colocó la mascarilla, dispuesto a explorar fuera de la habitación: después de medio año aislado de una sociedad especialmente cruel con su generación, temblaba como un cachorrillo asustado. Abrió la puerta. Inspeccionó el pasillo. Bajó las escaleras: Ni rastro de su familia. Se dirigió a la calle. Caminó por el vecindario. Ni un alma. Sólo silencio. Observó el cielo, tan hermoso. Pensó, entre sollozos: “¿Seré el nuevo Adán?”. De repente, en el horizonte, el resplandor que anunciaba la extinción. Se arrodilló en el asfalto. Rezó por primera y última vez en su vida.

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ANA PATRICIA MOYA

IMÁGENES: Kyle Thompson, Jon Jacobsen, William Hundley

RELATO FINALISTA DEL I CERTAMEN DE POESÍA Y MICRORRELATO (DÍNAMO POÉTICA)

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LO QUE NOS ENSEÑARON LOS CÓMICS

 Un callejón oscuro de barrio conflictivo: dos delincuentes asaltan a una mujer; uno le arrebata el bolso, el otro intenta forzarla. De repente, una sombra aterriza, y su puño le parte la mandíbula al violador y se desploma; la señora se desmaya; el ladrón no reacciona a tiempo, y recibe una patada en el estómago; el agresor, ataviado con gabardina mugrosa, sombrero y máscara se presenta: “Soy Darkman, y este es mi bautismo de fuego, seré el azote del mal y…”; su voz se quiebra: el otro chorizo le clava una navaja en la espalda; su compañero consigue incorporarse y dispara al desdichado salvador. Sirenas de coches patrulla anuncian la retirada; los últimos pensamientos del moribundo: ¿qué ha podido fallar, si la justicia siempre vence? ¿Qué coño nos enseñan los cómics? Nada: sólo son ficción para entretener a antisociales freaks con acné. Escupe sangre. La leyenda temprana expira.

ANA PATRICIA MOYA

LAS VÉRTEBRAS DE LA TUNDRA (CUATRO POEMAS INÉDITOS) – II PREMIO DE POESÍA LITTERATURA

dino valls

I

LA LISTA DE LA COMPRA

Examino el frigorífico:

                                                              nada.

Una metáfora burlona
de mi existencia

otra vez,
mi cartera y mi cama igual de vacías,

otra vez,
la ilusión congelada.

dino valls2

II

SÍNTOMAS

Levantarse temprano,
tomarse una taza de leche templada,

pensar en comerte el mundo
a fieros bocados,

hasta que el temor entumece tu cuerpo
que acaba refugiándose en el colchón,

no hacer nada

                             ¿para qué?

A veces, los obstáculos son reales

y es imposible derribarlos
por mucho que perseveres.

dino valls3

III

CORAJE

Impotencia es
mordisquearte los puños
para contener las ganas de golpear
al que decora tu pecho con cicatrices

es resignarse a ser un espectador
atado con una cadena a la butaca
y que contempla el desmembramiento
de su propia voluntad en la pantalla

es pugnar contra ese muro inquebrantable
y sólo contar con dos manos
desnudas, anónimas, frágiles

                      desnutridas de esperanza,

                       que aún insisten en luchar.

dino valls4

IV

ARROJANDO, RABIOSA, LOS GUANTES DE BOXEO [DESGASTADOS] AL SUELO \ ME JUBILO OFICIALMENTE COMO PUGIL POR AGOTAMIENTO

Qué sentido tiene darlo todo

ser una misma

la decepción se arrincona en el pecho
            le brotan raíces

que retirarse era acto impropio y ahora necesario

para qué desear lo que nunca tendré
por mucho que insista

arrodillarme sin remedio
al aislamiento
o vomitar sobre esa raza de hombres y mujeres
que nacieron para derrocar todas las esperanzas.

ANA PATRICIA MOYA

(II Premio del Concurso de Poesía Litteratura)

Ilustraciones: Dino Valls.