POEMAS Y RELATOS EN DISTINTAS PUBLICACIONES

Reseña de “Píldoras de papel”, por Manuel Guerrero: http://www.odiseacultural.com/2017/08/04/resena-manuel-guerrero-pildoras-papel/ 

Selección de microrrelatos: http://www.odiseacultural.com/2017/03/04/relatos-seleccionados-ana-patricia-moya/

Selección de microrrelatos (I): https://letralia.com/letras/narrativaletralia/2017/06/22/cinco-relatos-2/

Selección de microrrelatos (II): https://letralia.com/letras/narrativaletralia/2017/03/16/tres-cuentos/

FANZINE SUSURROS A PLENO PULMÓN:

REVISTA LA NÁUSEA:

Selección de poemas: http://lanausea2000.blogspot.com.es/2017/06/cordoba-miraflores-barcelona-un-viaje.html

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LAS SALINAS DEL ALIENTO, de Manuel Guerrero Cabrera – Tres poemas

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LAS SALINAS DEL ALIENTO, Manuel Guerrero Cabrera
Los Libros del Laberinto, Colección Anaquel de Poesía

LAS PUPILAS DE DIOS

                                               A Ana Patricia Moya

“Las pupilas de Dios
no contemplan los trenes”.
Dolors Alberola

I

También te lo preguntas diariamente
y en silencio le acusas de frialdad.
Pero Dios no contempla los gobiernos,
ni sus proyectos contra las escuelas
o contra la dolencia del perro abandonado
de nuestros hospitales.

Sus ojos no se fijan en las armas,
en los espejos negros de las ciegas pantallas
o en los trenes que un día se retrasan
como la despedida del verano.

Las pupilas de Dios no contemplan aquello
que haya sido forjado
en la fragua del tiempo de lo humano.

Pues Dios no es frío,
ni olvidadizo,
ni indiferente
con lo que Él ha creado.
Simplemente no se hace responsable
de lo que hagamos
con el fruto del árbol
del bien, del mal.

II

La fuerza del árbol de mi senectud
se quiebra entre aflicciones y desánimos.
Los himnos del pasado se conjuran
en el crujiente otoño de las hojas.
Gozo soñado es gozo y también sombra,
el sueño de una mueca del pasado.
Hendido por el rayo en desaliento,
la ceniza del tiempo quedará
como un agrio recuerdo que me endulza
el deseo imposible de la gloria.

CAMPEONES

De niños en el patio del colegio,
todos querían ser Oliver Atom,
no porque el blanco fuera su color,
sino porque jugaba como un santo
que tenía las alas de Redondo,
y de Bebeto y Laudrup lo mágico.

Los que chutaban fuerte (y los que menos)
imitaban a Mark Lenders gritando
“’¡¡tiro del tigre!!”, nombre pegadizo
pero nada efectivo para el ánimo
de nuestros compañeros y rivales,
por un balón amigos en un patio.

Nadie quería ser Benji ni Warner
si había que jugar bajo los palos:
demasiada arrogancia para un puesto
en el que nunca fueron valorados.

Y luego estaba yo que me gustaba
el estilo de Julian Ross, del Mambo:
decidido, sencillo, inteligente,
admirado, veloz y enamorado;
en cambio, le fallaba el corazón
al personaje más corazonado…

A muchos les costó crecer de golpe
y entender lo que atrás hubo quedado…
El corazón también se nos rompió,
como a Julian Ross, cuando
dejamos de ser niños en un patio.

LOS POETAS DEL DÍA A DÍA

Los poetas del día a día escriben
entre sueños al alba
y en los descansos que la ley requiere
a las grandes empresas (y a las pymes).
No tienen derecho a la escritura
en el momento en que la musa inspira,
ni atención administrativa válida,
cuando forjan metáforas
merecedoras de pertenecer
a las mejores fraguas literarias.

Emplean los semáforos en rojo,
la indiferencia en las ofertas diarias
y el sorbo del reposo,
para apuntar el verso en el reverso
de una de sus facturas.

MANUEL GUERRERO CABRERA

UNA RESEÑA DE “MATERIAL DE DESECHO” (por Manuel Guerrero Cabrera) Y DOS POEMAS INÉDITOS PARA LA SEGUNDA EDICIÓN

PORTADA FINAL MDD

“Material de Desecho (mierda en el corazón)”, de Ana Patricia Moya Rodríguez (Ediciones en Huida, 2013). Poesía. ISBN: 978-84-941027-4-5.

Decía Camilo José Cela que «todas las generalizaciones son falsas, incluso esta», por lo que también lo es que tomemos de esta manera el título del poemario de Ana Patricia Moya (Córdoba, 1982) como Material de desecho”. En efecto, no por ello hay que desdeñar los versos de esta joven autora escéptica y pluriempleada, responsable de los volúmenes “Bocaditos de realidad” (Groenlandia, 2006 y 2012) y “Cuentos de la carne” (Groenlandia, 2010), así como de la muy destacable revista “Groenlandia”, que rige, no sólo con determinado afán, sino también con atractivo arrebato.

Leí en una ocasión de don Manuel Alcántara, poeta y articulista que se me ha hecho imprescindible, algo así como que hay una variada gama de grises que nadie atiende cuando el mundo se empeña en verlo todo blanco o negro. En esta obra de Ana Patricia, la serie de grises es tan diversa que nos hace pensar en que lo correcto hubiera sido llamar a la obra Material de deshecho, pues la autora se deshace, se fragmenta, se reparte por cada poema, por cada verso, por cada palabra, como si miráramos en un caleidoscopio que nos ofrece multiplicado el corazón atravesado por una puntilla que se presenta en la cubierta.

El poemario se divide en cuatro secciones. La primera, «Estropajo, polvo y libros», posee composiciones de aire reflexivo para presentar el estilo de la autora y es un medio de conducción a la segunda parte:

“Cielo, dejemos a los poetas con su oficio, / que yo ya tengo bastante con mis miserias… / …y con mis tres empleos”.

La segunda parte, «Eso que llaman amor y que se le parece», ofrece una visión muy personal del amor, entre el sarcasmo, la ironía y la verdad de la mentira, entre la pasión, la sinceridad y la soledad de la compañía. Causan herida los poemas breves, que recuperan en nuestro ánimo alguna cicatriz que creíamos olvidada, como en “El amor es como la política” o “Un instante”. Sin embargo, son de mi preferencia aquellos en que Ana Patricia, habituado a su ingenioso juego de palabras y de imágenes (por ejemplo, “Amor sintético”), añade sugerentes mensajes y metáforas para mostrar lo lúcido de su verbo y, por qué no, para que no todo sean generalizaciones:

“Testigo: el colchón. / Aromas de fruta mezclados. / El mundo en tu vientre”.

De las cuatro secciones, la más lograda es «Sesos, exilio y poesía», pues contiene los poemas de mayor calidad y de mayor belleza de la poética (que en verdad es una antipoética) de nuestra autora. Basta con leer los siguientes ejemplos, desde el intenso “Por cada milímetro de mi piel” hasta el impresionante y humilde “El mejor poeta del mundo” para vernos obligados a no desechar este libro:

“Por cada milímetro de mi piel / tendréis tatuajes de palabras invisibles, / palabras que son testigos de mi existencia”.

“[…]me autocastigo. Escribo diez veces: / la poesía es inútil, la poesía es inútil […] / Y no escarmiento: / mañana nacerá otro poema”.

“El mejor poeta del mundo \ es mi padre: \ jamás ha escrito versos \ pero sus manos grandes y sufridas \ son ásperos poemas \ de vida”.

«Nada ha cambiado… (Ochos años después)» se titula la parte final que, a modo de epílogo dividido en dos capítulos, recoge más poemas sobre las dos primeras secciones del libro. Llama la atención el cambio de estilo en los últimos poemas, aunque mucho más el regalo de “Epílogo”, que de una dedicatoria a otras artistas como Kahlo, Dickinson o Woolf, pasa a un contrapunto, por un lado, al humor “Que en paz descansen todas ellas. Amén” y , por otro, a la reafirmación de la postura antipoética del yo en su parte final:

“Porque no aspiro a nada, porque sólo aireo mis miserias \ como si fuera asquerosa basura… \ …como el material de desecho que suda mi corazón”.

No quiero cerrar este artículo sin atender a dos de las virtudes de la poesía de la cordobesa Ana Patricia Moya en Material de desecho (mierda en el corazón)”. La primera es la nota humorística basada en lo intenso del contraste, como observamos en “Petición típica de fin de año”, “Miénteme” o “Claro que existe el amor”, con el resultado final del desengaño. La segunda es la versatilidad de su verso, que es la que permite esa visión caleidoscópica, arriba mencionada, de su corazón, como nos avisa desde el principio:

“Mi corazón: \ material de desecho”.

Sin la aportación de las voces del estilo de Ana Patricia, que nos recuerdan que hay más de una visión poética que la dictada desde festivales y editoriales para un público selectivo, caeríamos en un descuido alejado de las azucenas, del que nos avisa nuestra poeta con una generalización que sabemos a ciencia cierta que no es falsa:

“El peor poeta del mundo \ es el orgullo”.

 

Manuel Guerrero Cabrera

Algunos poemas incorporados para la segunda edición de “Material de Desecho”:

EL (H)AMOR EN TIEMPOS DE GUERRA (DONDE CUALQUIER COÑO ES TRINCHERA)

Recuerda

que estas manos que paseaban

por tu piel pálida

eran las suyas.

 

Recuerda

que estos labios que murmuraban

a tu oído mil secretos y mentiras

eran los suyos.

 

Recuerda

que este desecho de mujer

                                            esta sustituta del fracaso

no te quiso

 

ni te querrá nunca.

 

ANTROPOLOGÍA

Existen seis tipos de poetas:

los que abrazan la belleza del silencio,

capaces de radiografiar tu interior para sostenerlo,

con delicadeza, entre sus manos,

 

los que se alimentan de lo único que poseen,

un corazón demacrado y ermitaño que escupe poemas

como piedras para despistar a la miseria,

 

los tristones que se refugian en la desolación,

que se purgan las entrañas con una exhaustiva lista de lágrimas,

seres tragicómicos que anhelan, pero jamás actúan

 

los cazadores que disparan poesía, temerosos de la soledad

y que pretenden calentar la cama conquistando a hombres y mujeres,

cautivos contemporáneos del gimnasio y la anorexia,

 

los que prosperan con su talento,

luchadores natos – ya casi extintos – que recorren

un sendero empedrado, sin pisotear cuellos,

 

y los que se creen poetas:

tiranos y mediocres que se veneran

entre sí, que juegan a ser ídolos [corruptos].

 

A los que no escriben versos, bendecidlos.

A los hambrientos, admiradlos o maldecidlos.

A los llorones, ignoradlos.

A los amorosos, utilizadlos para sexo compasivo.

A los guerreros, respetadlos.

Y con respecto a los últimos,                                         

 

huid, huid de ellos lo más lejos posible:

algo tan grande como la poesía se les escapa de las pezuñas,

y porque, como cita aquel refrán tan sabio,

no se hizo una miel tan exquisita para las bocas de los asnos.

 

(Poemas para la segunda edición de “Material de Desecho”).