DOS POEMAS INÉDITOS

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INSUMISIÓN

Estoy harta
de la ansiedad y de las infusiones
calientes para aplacarla
de la lentitud del calendario
de buscar empleo o algún curso
para adornar el currículum
de las tareas domésticas con aroma a amoniaco,
de los que fingen ser poetas
de los que regresan con la excusa
de “tú eres mi mejor error”,

por eso, firmo esta tregua
para ocupar un puesto en el bando
de los ignorantes durante un tiempo
y disfrutar de la tranquilidad que supone
no ser una misma.

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DIOSES DE BARRO

Los héroes del pueblo regresan exhaustos
al hogar por un sueldo miserable

lloran por el exilio de los hijos que aún confían
en los títulos que resguardan en sus maletas

con una sonrisa amarga comparten
la pensión, engañan al hambre
con pan duro o yogures caducados

renuncian al suicidio por amor

los héroes del pueblo no escriben
                                          no tienen voz

querido “poeta”: no puedes ser el protagonista
que predique la revolución desde un nido

tu única conciencia es el aplauso de los seguidores ciegos

los resilientes heredarán las ruinas de la tierra
y tú los efímeros momentos de gloria.

ANA PATRICIA MOYA

Imágenes: Meghan Howland

UN POEMA DE “HASTA AQUÍ” (WISLAWA SZYMBORSKA) Y OTRO DE “POTO Y CABENGO” (ALEJANDRA VANESSA)

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RECIPROCIDAD

Hay catálogos de catálogos.
Hay poemas sobre poemas.
Hay obras sobre actores representadas por actores.
Cartas motivadas por cartas.
Palabras que sirven para explicar palabras.
Cerebros ocupados en estudiar el cerebro.
Hay tristezas contagiosas al igual que la risa.
Hay papeles que provienen de legajos de papeles.
Miradas vistas.
Casos declinados por caso.
Grandes ríos con gran participación de otros pequeños.
Bosques hasta sus bordes desbordados de bosque.
Máquinas destinadas a construir máquinas.
Sueños que de repente nos arrancan el sueño.
Salud necesaria para recuperar la salud.
Escaleras tan hacia abajo como hacia arriba.
Gafas para buscar gafas.
Inspiración y espiración de la respiración.
Y ojalá de vez en cuando
odio al odio.
Porque a fin de cuentas
lo que hay es ignorancia de la ignorancia
y manos ocupadas en lavarse las manos.

(“Hasta aquí”, Wislawa Szymborska; Bartebly Editores)

CON LAS MANOS AÚN HÚMEDAS
la madre marca los dígitos: seis seis cinco cero
siete nueve cuatro cuatro uno,
el número que ha marcado no existe,
comprúebelo de nuevo.
Otra vez seis seis cinco cero siete nueve cuatro uno,
uno menos.
Con cada tono, interpreta
qué come, qué suda, qué suavizante, qué.

Al momento la conversación se vuelve otra historia:
un por Dios,
un por-Dios-por,
un Dios,
novesque
no yo.

Y.

El teléfono, en el suelo.
Las manos, secas.

(“Poto y cabengo”, Alejandra Vanessa; Valparaiso Ediciones)

DOS POEMAS INÉDITOS

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DEFECTO

Durante años me hicieron creer
que yo no valía nada

                                      pero el tiempo es sabio
y me desvela que no se trata de mis manos:
es la ausencia de docilidad

                                      quieren nombres domesticados
                                      porque temen a los desbocados
                                      que rugen en libertad.

ANIMALES LASTIMADOS

        No se puede confiar
en aquellos que fingen interés
arrimando sus hocicos con saliva
que es puro veneno

        por eso, prefiero infectar mis heridas
lamiéndolas en soledad
        
        que yo sea la única causante
        de mi dolor.

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ANA PATRICIA MOYA

Ilustraciones: Nikita Kaun \ Mark Heine.